Anoche quiso la muy ladina levantarse. Me miró con sus ojitos de súplica y empezó a decirme cosas que me sonaron locas. Yo sólo había bajado de la nave ésta que me trajo al final del fin del cyberespacio, para ver si había algún mensaje en el refrigerador; porque han de saber que algunos mensajes suelo guardarlos en el refrigerador para mantenerlos frescos, sobre todo cuando tengo flojera de leerlos o simplemente de interesarme en ellos.
Les decía que mi musa, la muy ladina quiso levantarse, la verdad es que no le hice mucho caso, aunque me dolió verla ahí tirada me regresé al desierto en el que no hay nada, ni opciones para seguir con vida ni para hacer lo contrario; y que es donde pienso quedarme un rato.
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