Desde que la musa se rompió no hay nada más que la sustituya. Por un momento pensé que mi vida tenía un fin, una dirección, un objetivo, y lo he perdido, está rota en trozos y esquirlas algunas que se han perdido entre la felpa de la alfombra de la desazón.
Me hallo en un desierto en el que no hay opciones, no encuentro dirección y aunque la encontrara no sé para qué la necesito. No obstante con todo y eso hay algo que ¡maldita sea! me empuja, ¡que diablos! ni siquiera puedo quedarme inerte ante el desconsuelo.
miércoles, 6 de agosto de 2008
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